Gran edificio, grandes números. El Pentágono

De la ligereza de la arquitectura japonesa de la entrada anterior en el Templo de Byodo-in, he decidido ir al opuesto totalmente, me encantan los contrastes. Es un edificio pesado hasta decir basta, con una presencia apabullante, que llena el espacio aledaño sin dejar ninguna opción de impresionar a nada que este cerca de él. Se trata del Pentágono, un edificio con unas medidas que realmente asustan, un símbolo de un pueblo, y aunque quizá no sea el más mediático, sí que es uno de los símbolos más respetados por sus habitantes por lo que representa.

El Pentágono, considerado el edificio de oficinas más grande de todo el mundo, con una superficie total de 616.518 m² y 28,15 km de pasillos, situado en Washington DC, en la orilla de Virginia del río Potomac, alberga el Ministerio de Defensa y el Ministerio del Ejército de los Estados Unidos. Tiene el triple de la superficie del Empire State Building y el Capitolio americano cabe en cada una de sus cinco partes. A pesar de su enorme tamaño el Pentágono es un ejemplo de eficacia: 10 pasillos que parecen radios conectan las diferentes partes del edificio y es posible ir andando hasta cualquier punto en solamente siete minutos.

Diseñado por George Edwin Bergstrom y construido entre 1941 y 1943, el edificio neoclásico de cinco lados recuerda en planta a la estructura de las antiguas fortalezas. Sin embargo, el Pentágono va un poco más lejos de sus predecesores en su imagen pentagonal. Su estructura está formada por cinco pentágonos colocados de forma concéntrica, tiene cinco pisos, sin contar el entresuelo y el sótano, y su patio central cubre una superficie de cinco acres (dos hectáreas). Su característico perfil pentagonal está inspirado no sólo en las fortalezas, sino también en el solar original, que tenía cinco lados. Y, aunque al final el edifio se construyó en un solar ligeramente diferente, su diseño pentagonal se mantuvo como característica más sobresaliente.

El Pentágono es una maravilla de la ingeniería creada para unir bajo un mismo techo los 17 edificios de la Guerra de Estados Unidos, y se construyó en tan sólo 16 meses. Una vez preparado el terreno, los ingenieros hicieron traer 4,2 millones de m³ de tierra y 41.492 pilotes de hormigón para los cimientos. El río Potomac se utilizó como fuente de materiales para la construcción. De él se extrajeron 617.000 toneladas de arena y grava que fueron transformadas en 332.000 m³ de hormigón. Con la segunda Guerra Mundial, el acero para las estructuras escaseaba en Estados Unidos, hecho que contribuyó a la decisión de utilizar hormigón armado como principal material de construcción, junto con la piedra caliza de Indiana para las fachadas exteriores. De hecho, se percataron de que, al emplear hormigón como material fundamental, se había ahorrado suficiente acero como para construir un barco de guerra.

Con un programa de construcción muy ajustado, que se inició en agosto de 1941, 13.000 operarios trabajaron por turnos día y noche, siete días a la semana, y más de 1.000 arquitectos, en un hangar cercano, elaboraban los planos de la construcción según avanzaba la obra. Los empleados del Pentágono empezaban a trabajar a medida que se terminaban las diferentes partes del edificio. 300 trabajadores se trasladaron a la primera sección, finalizada en abril de 1942, y 22.000 más lo hicieron en diciembre. Para facilitar el transporte hasta la gigantesca edificación, se construyeron 48 km de carreteras de acceso. El Pentágono también tiene departamento de policía y de bomberos y sistemas de agua y alcantarillado propios. En 1956, se añadió un helipuerto y, en la actualidad, el complejo dispone de paradas de taxis y autobuses y de una estación de metro.

En 1993 se pone en marcha un gran proyecto de reformas, las primeras desde la construcción del edificio. Contaban con un presupuesto de 1.200 millones de dólares, y se estimó la duración de las mismas en 16 años aproximadamente. Estas reformas no sólo modernizaron los sistemas eléctricos, mecánicos y de comunicación, sino que supusieron una ampliación de 18.581 m² de oficinas en una nueva planta situada en el sótano. Además, por primera vez, el edificio tiene ascensores, 40 en total, y se reemplazaron las 7.748 ventanas. Los equipos de trabajadores encargados de las reformas se enfrentaron a la tarea de la misma manera que lo hicieron los contratistas que construyeron el Pentágono en la década de los 40, con la gran diferencia de los tiempos de ejecución, que salta a la vista que no son los mismos para nada.

En definitiva, unos números apabullantes para un edificio apabullante. Allí, si se ponen, se ponen.

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