Actualización 9.17.0

Es raro, pero a veces, cuando uno tiene un blog, necesita compartir en él ciertas cosas. No conozco personalmente a ninguno de los que seguís o leéis el blog, pero aún así, tengo ganas de contar mis buenas noticias.

No es un secreto que vivo en Manchester. Me mudé aquí hace exactamente tres años, y desde entonces, esta ciudad me ha enseñado a marchas forzadas cosas que han sido increíbles, aunque a veces, de manera un poco dura. Salí de Madrid únicamente con una maleta de 15 kg, con mi novia de la mano y un saco entero lleno de miedo, ganas e incertidumbre. Os juro que no es fácil ser emigrante. O mejor dicho, no es nada fácil ser un inmigrante. Porque lo difícil no es irte de casa, es adaptarte a la nueva. No me refiero ni mucho menos a que los ingleses me hayan hecho sentir fuera de lugar viviendo aquí, éste es un país abierto en todos los sentidos, por mucho brexit que haya ahora mismo, pero, en líneas generales, y salvando alguna que otra excepción, Inglaterra, y sobre todo, Manchester, son un ejemplo a seguir en diversidad y aceptación al extranjero. Ésta ciudad me ha enseñado su cara más dura y áspera, pero también la más solidaria, la más sensible y la más acogedora. Muestra de ello fue cómo se unió en bloque ante los atentados de mayo, que sembraron durante esa noche un terror difícilmente descriptible en un centro urbano que es muy pequeño.

Nunca jamás creo que encontraré la manera de devolverle a esta ciudad lo que me ha dado. Amigos, experiencias y aprendizajes, sobre todo eso. El inglés que haya aprendido o no, es secundario, pero me ha hecho aprender a ser mejor persona, y eso no está pagado.

Pero todo lo que empieza tiene un fin. Después de tres años, hemos decidido volver a casa. Y volvemos con más maletas mucho más pesadas, con el mismo saco lleno del mismo miedo, ganas e incertidumbre, y como llegamos, de la mano. Esa es otra gran lección de Manchester, no sueltes nunca la mano de la persona que la vida creó para ti.

Romanticismos a parte, hemos decidido cerrar la etapa que hasta ahora ha sido la más importante de nuestras vidas, para abrir otra que promete no ser menos.

Como algunos sabréis, hace unos años, un accidente de tráfico me obligó a dejar mi carrera de arquitectura. Sin paños calientes, creo que no lo he pasado en mi vida peor que en aquella época. Fue algo que me costó mucho conseguir, porque yo soy muy tenaz, pero de notas he andado siempre un poco justo, por lo que entrar en una carrera con esa nota de corte fue más que un reto en mi vida. Al final me resigné e intenté seguir adelante con mayor o menor acierto, y desde luego, todo eso desencadenó finalmente en que me viniera a Manchester.

Pero lo he conseguido de nuevo. De una manera casi milagrosa, fácilmente, como si casi fuera una broma del destino, estoy otra vez dentro. Me han aceptado en la facultad de Arquitectura de la Universidad de Castilla la Mancha. Con 28 años, vuelvo al cole. La verdad es que no sé ni que pensar, sólo sé que estoy muy contento, que necesito hacerlo y que, si todo sale bien, estoy a muy poco de ser quien siempre he querido ser, de hacer las cosas que siempre he querido hacer y de ayudar como siempre he querido ayudar, porque, si todo sale bien, voy a tener las herramientas para ello.

La verdad es que me voy de Manchester con mucha pena. Amo ésta ciudad como lo hago con Madrid, pero Toledo es mi siguiente escalón, el siguiente paso.

Y sé que va a ir bien.

 

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